Dos Desconocidos

Dos Desconocidos

El insoportable Sol de Agosto golpea de forma impiadosa sobre el asfalto de la ciudad haciendo que cada bocanada de aire se sienta en los pulmones como una llamarada de fuego. ELLA camina por la vereda tratando pero sin lograrlo, de esquivarle a Febo; siente el sudor bajar por su espalda hasta la curvatura que se produce dónde empieza la cola; se le hace difícil seguir caminando pero una puerta se abre y siente un hermoso aire fresco, mira y descubre un bar de esos que llenan las calles de Madrid – por qué no – piensa.

Entra al Café, respira aliviada y se sienta en una mesa mirando a la calle, pide un agua con gas con limón y mucho hielo y un bocata. Pasan los minutos, las horas, el sol comienza a ponerse detrás de los edificios, ella tiene la mirada perdida pensando en los problemas que la aquejan. “Esta silla está ocupada?” la voz profunda y rasposa de un HOMBRE la saca de sus pensamientos, era un hombre de unos cincuenta y pico, alto, de hombros anchos, pelo y barba venido en canas y una llamativa sonrisa. Solo atina a decir: “Perdón?”; sin esperar respuesta el Hombre se le sienta al lado, lo mira intrigada, “no te molesta? Esta todo ocupado y afuera esta insoportable” Ella responde con una tímida sonrisa.

La camarera deja la cuenta sobre la mesa, ella la va a agarrar pero el Hombre le pone la mano sobre la suya, su mano es robusta, fuerte, bien masculina; a ella siempre le encantaron las manos. “Lo menos que puedo hacer es invitarte”, le dice él a lo que además de una enorme sonrisa ella le responde: “Gracias” y algo raro se produce, si bien hace mucho calor, cuando la tocó se le puso la piel de gallina, él lo nota y se sonríe. “Que hermosa sos, que buena estas” los halagos del hombre la sorprenden, pero no tanto como la mano que pone sobre su mejilla, se le acerca, las narices casi se tocan, se sienten el aliento, las bocas a solo milímetros, el momento es mágico antes de que los labios se toquen por primera vez. La espera y quien realiza el último movimiento para besarse es ella – es un beso dulce y sentido, que al correr de los segundos se vuelve intenso y apasionado; Él se separa la mira y le dice: “te espero en treinta segundos en el baño” se para y se va, dejándola sola: “porque no” piensa.

Ni bien cierran la puerta del baño él la agarra de la cintura, la besa, las lenguas se entrelazan, las manos de él bajan por su espalda hasta encontrarle el culo, le sube la pollera y le mete los dedos por atrás hasta encontrar su bulba que está completamente mojada…

… la pone contra la pared, le abre las piernas, baja y comienza a besarla, a comerle tanto el culo como su vagina, el clítoris, toda; Ella solo atina a gemir y morderse los labios de placer…; ahora él se incorpora, se baja los pantalones dejando salir su grueso y duro miembro y mientras la besa comienza a poseerla, despacito, ella siente como cada milímetro de este duro pene comienza a penetrarla hasta que lo siente todo adentro…

… los dos comienzan a moverse al unísono, como una coreografía perfecta, su cola rebotando sobre él, sus jugos mezclándose hasta que: él la saca y le acaba sobre la cola, dejándole un charco blanco y espeso.

La Luz del Sol le ha dado paso a las luces de la calle, la puerta del bar se abren, sale Ella primero, luego sale Él, se miran, y cada uno se va para un lado distinto, como lo que son, dos desconocidos.

 

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